Me sentía periodista, quise serlo desde los 20 años. El cometido lo logré pero quedé en el montón, en esa gran pila apretujada de "hombres de prensa" grises, que jamás sobresalieron, que la laburaron desde abajo con la Lexikon 80, dándole al teclado con dos dedos que parecían poco menos que martillos. Y así fueron pasando los años, siempre con la ilusión de llegar, ¿llegar a qué?, no lo sé. Tal vez a ponerme delante una cámara para leer noticias o hacer rutinarias presentaciones... ¿eso es llegar? ¿o ser una firma reconocida en la gráfica?, a lo mejor, quién lo dice. La cuestión es que ahora soy un jubilado que cobra la mínima, como tantos millones de "pasivos", y me estoy garcando de hambre. ¡Eso si!, fui, soy y seré periodista. Me cago en la diferencia entre ser y no ser. Para el caso es lo mismo. Lo que sí estoy seguro de ser: un pobre tipo al que nadie recuerda, porque casi todos los colegas ya se tomaron el piróscafo. Pero me queda en el orgullo el lujo de haber sido integrante del cuarto poder, ¿o poder de cuarta?.
lunes, 7 de abril de 2008
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